EL CHAMARILERO
El primer
conductor comienza a explicar a los jugadores las reglas (inventadas,
embrolladas, absurdas) de un juego de su invención. Cuando los jugadores tienen
las ideas suficientemente confusas, entra en escena el segundo conductor, que
saca de una bolsa y vuelve a meter con gran rapidez cuatro o cinco objetos, para
después volver a sacarlos más y más veces, y cuya adquisición recomienda,
exaltando sus cualidades, hablando sin interrupción, proponiendo ahorros
colosales y marchándoses después de improviso, llevándose consigo la bolas y los
objetos. En este punto el primer conductor, recobrada la cordura repentinamente,
explica las verdaderas reglas del juego. Cada jugador debe compilar un elenco,
lo más detallado posible, de los objetos ofrecidos por el vendedor, añadiendo
también las cosas que ha dicho y los gestos que ha hecho mientras proponía su
adquisición. Vence el que, a juicio inapelable de los dos conductores, logra
escribir más detalles de lo que ha visto y oído.